Internet, cerebro y adquisición del conocimiento

Vuelve Nicholas Carr sobre el tema de internet y la adquisición del conocimiento en su último libro, «The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains«, que referencia La petite Claudine. Es algo que ya comentamos cuando analizamos su anterior obra en «Contenidos en la web y formas de conocimiento» y sigo compartiendo «feeling»:

…no dejo de percibir que me he habituado a las fórmulas web de consumo de contenidos: quiero inmediatez, poder leer «en diagonal» un texto en busca de que hayan resaltado el dato que busco y que se vaya al grano en lugar de articular un discurso que profundice. Claro que sería un error identificar profundidad y longitud de un texto, pero sí que da cierto vértigo el plantearse lo que perdemos al aparcar aquellas propuestas que necesitan de una reflexión más profunda y una lectura sosegada…

Cada vez más, intento «educarme» en el uso de Instapaper para salvarme del ritmo de la información en la web y para buscar largos ratos de lectura sin distracciones (algo para lo que sigo prefiriendo un lector tipo kindle o un libro físico). Otra tema relacionado con Internet, cerebro y adquisición del conocimiento lo apunta César Córcoles, máquinas y la ganancia / pérdida en el proceso educativo.

Contenidos en la web y formas de conocimiento

Google estúpidosProvocador como siempre Nicholas Carr ha firmado este mes un artículo en The Atlantic titulado «¿Nos está haciendo Google estúpidos?«. Claro que su tesis no es contra el buscador – aunque sea un actor necesario – sino que viene a concluir que cuanto más utilizamos la web, más nos cuesta centrarnos en textos largos que profundicen en un tema, nos volvemos consumidores de pequeñas píldoras, datos y contenidos que no cueste mucho esfuerzo adquirir.

Si analizamos un poco las tendencias de contenidos en la web, podemos observar ciertos patrones. Las grandes parrafadas nunca han sido sinónimo de éxito en la web precisamente, parte del éxito de los blogs es en parte culpa de su formulación como género (piezas generalmente pequeñas de información con muchos enlaces para ampliar los aspectos en los que el lector encuentre necesario hacerlo) y aún más, evolucionan hacia sistemas que hacen gala de mensajes aún más cortos. En el vídeo, no hay más que pasearse por Youtube para comprobar que lo que se impone es el no pasar de los cinco minutos. Tenemos poco tiempo, queremos que nos resuelvan la necesidad – informativa, de entretenimiento – de forma breve y poder pasar a otra cosa.

No resaltaría el artículo si no me hubiese puesto frente a un espejo, hace cinco años era un lector compulsivo de libros – novela, ensayos – y hoy día es raro que acabe un libro al mes. Me gusta desconectar los domingos y leer la prensa – que aprovecha los fines de semana para extenderse y abundar en reportajes – pero no dejo de percibir que me he habituado a las fórmulas web de consumo de contenidos: quiero inmediatez, poder leer «en diagonal» un texto en busca de que hayan resaltado el dato que busco y que se vaya al grano en lugar de articular un discurso que profundice. Claro que sería un error identificar profundidad y longitud de un texto, pero sí que da cierto vértigo el plantearse lo que perdemos al aparcar aquellas propuestas que necesitan de una reflexión más profunda y una lectura sosegada. Puedo leer «Nocilla Experience» fácilmente – es una novela de la generación blog – , pero me costó un verano acabar 2666…

Soy muy reacio a pensar que, como pregunta Carr, la web nos haga estúpidos (su armazón científica es bastante débil de momento). De hecho, a la vez que percibo que cada vez estoy menos dispuesto a abordar artículos muy largos, me doy cuenta de que «la lectura web» también lleva aparejada la capacidad de asumir grandes cantidades de información y de procesar los patrones en ella. Un paseo por mi Google Reader no sólo me ofrece un montón de posts que leer, también mucha información que agregar: tendencias, temas comunes de preocupación, percepciones generalizadas… probablemente no estemos asistiendo a la aniquilación de nuestra inteligencia sino adquiriendo nuevas formas de conocimiento (o al menos, eso me gusta pensar).

En todo caso, os recomiendo el artículo de Carr. Eso sí, no admite una lectura rápida ni de pasada. También lo comenta Juan Freire.