Los editores, el libro electrónico y sus clientes

Kindle paperwhite

Tras lo de «quiero mi copia digital al comprar un libro físico» y «Un día las editoriales se pueden quedar a solas con Amazon y lamentarán no haber ayudado más al librero«, en Xataka hemos querido recoger la visión del lado de las editoriales en España, que como era de esperar no están muy en la línea de las tesis que uno defiende.

Se les puede leer en «Las editoriales en España y su amor-odio por el libro electrónico» con la intervención de editores pequeños, otros más grandes, unos muy apegados al formato tradicional, otros más avanzados en digital. Les leería con atención porque, ante todo, saben de lo que hablen y se juegan su carrera y dinero en esto; luego, haría el ejercicio de intentar dilucidar en su discurso cuántas veces aparece «lo que quiere, demanda, necesita mi cliente».

La explicación de la condena a Apple por fijar el precio de los libros electrónicos

Steve Jobs joven

La mejor explicación a cómo es el modelo pactado entre Apple y las editoriales la he encontrado en Tidbits, que confronta el «modelo de agencia» que acordaron con el «modelo al por mayor» que se aplicaba antes de su llegada. Su autor hace una defensa de Apple y del modelo de agencia que, siendo discutible, al menos viene con argumentos.

De hecho por aquí tratamos en su momento el tema del precio del libro electrónico con Amazon dos veces, una al hilo de sus negociaciones con MacMillan y otra discutiendo su estrategia de vender por debajo de coste en algunos casos. En otras latitudes donde esto está penalizado o incluso hay una ley de precio fijo del libro toda esta discusión nos suena marciana, pero en Estados Unidos es todo un desafío de regulación del mercado ¿es lícito que Apple con las editoriales conspiraran para implantar el modelo de agencia y que el precio de venta subiera, lo es más que Amazon vaya a pérdidas construyendo su camino hacia el monopolio?

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Editores de libros: quiero mi copia digital al comprar un libro físico

Solaris

Ayer se comentó bastante la noticia de que Amazon ha comenzado a ofrece la descarga digital de los discos comprados a todos aquellos que le habían comprado un CD en los últimos quince años. Un buen gesto, aunque el valor no vaya más allá de ahorrarte ejecutar un programa de «ripeo» para pasar a MP3.

El caso es que bastantes compradores llevamos años clamando por una solución a una situación lamentable: cuando uno compra un libro físico – y todavía lo hago de vez en cuando – debería obtener a su vez una copia digital que permita leer también en dispositivo electrónico, realizar búsquedas, no tener que cargar con el libro de una mudanza a otra… en definitiva, he pagado y bien por el dichoso libro, ¿no pretenderás que te pague de nuevo por tener una versión digital, verdad?

Pues la situación actual es esa, cuando la hay, la versión digital se vende separada de la versión «árbol muerto» en el 99% de las ocasiones. Para esto hay motivos espurios como es el «miedo a la piratería» o la maximización de beneficios (este todavía más absurdo, ya has pagado por el libro, no están perdiendo un comprador más allá del excepcional caso de alguien dispuesto a pagar dos veces), y también otros reales, como la posesión de los derechos separada para versión papel y versión digital.

Pero eso último no es la norma única, hay muchas editoriales – y esto es cada vez más habitual para las nuevas obras – que tienen los derechos tanto para papel como para libro electrónico. Si ofreciesen la posibilidad de compra conjunta de ambos, regalando la copia digital a quien se llevase un libro físico tendrían mucho que ganar: más percepción de valor por parte del comprador, sobre todo de la generación actual ligada al objeto físico y que está en una transición hacia el libro electrónico, y fidelización a los canales de venta propios o amigables para la editorial frente al oligopolio de empresas tecnológicas.

Lo dicho, editores de libros, quiero mi copia digital al comprar un libro físico. Quiero comprar La investigación de Lem con la nueva traducción editada por Impedimenta, cuyos libros además me parecen muy bonitos, pero no me dan la descarga (en este caso siquiera puedo comprarla separada, tiene pinta de que no poseen los derechos que sí tienen con Solaris del mismo autor).Por una vez, piensen en términos de demanda antes de lamentarse por la continua bajada de las ventas.

DRM en la música, DRM en el libro electrónico

En Ars Technica preguntan y se preguntan por el hecho de que si bien el DRM en la música parece ya un episodio pasado cuando hablamos de compra (que no cuando hablamos de música como servicio), en los libros electrónicos permanece y, es más, no hay un debate fuerte sobre el tema.

Es un aspecto que hemos comentado mucho por aquí, mi impresión ha sido siempre que las protecciones anticopia iban a ser mejor toleradas en el libro por el tipo de «consumo» que hacemos del mismo: generalmente leemos una vez y listo, frente a la música, en la que volvemos una y otra vez a las mismas canciones. Si a eso sumamos que Amazon ha solventado bien la incompatibilidad por diseño que introduce el DRM desarrollando clientes para cada casi plataforma (todas de facto al haber uno web), tenemos que los efectos para el usuario no son tan inmediatos como era comprar una canción en iTunes hace años y ver que no funcionaba en un teléfono que no fuese iPhone.

Recupero tres piezas al respecto: Editores de libros: el DRM no es vuestro amigo, De la cultura del acceso en música al DRM en los libros digitales y Toleramos el DRM en libro hasta que…

Kindle Paperwhite, innovando en los lectores de libros electrónicos

Kindle Paperwhite

Llevo años convencido que la mayor virtud de un lector de libros electrónicos está en lo que no hace, no tiene mensajería, es malo para navegar, no tiene juegos, no es multitarea…. incluso el que sean táctiles me molesta en los que he probado porque se empeora el caso de uso clave, pasar página, para añadir una novedad tecnológica más que sumar a la lista de «virtudes».

Con Kindle Paperwhite tengo puesta la esperanza de que el referente del sector – Amazon – haya conseguido innovar en la experiencia fundamental – la lectura – y deje el avance en más aplicaciones y acceso a servicios online para su línea de tablets.

Ya son oficiales los datos de llegada a España, con versión Wifi (la que recomiendo, la conexión del libro es necesaria esporádicamente y siempre se puede facilitar desde el móvil) y un cambio tecnológico que – en mi opinión – tiene su mayor reto en ofrecer una buen experiencia táctil con tinta electrónica y en conseguir no cansar la vista con luz propia (que no pantalla retroiluminada)

El libro de texto no debe ser digitalizado, debe ser transformado

Leyendo sobre el proyecto de «Los Piratas» de un portal de descargas de libros de texto he recordado lo que discutíamos por aquí hace tres años sobre el tema de ««La Educación 2.0 y las herramientas tecnológicas«, cuando empezamos a hablar de cómo la tecnología e internet podrían ayudar a transformar la educación.

Desde entonces hemos visto aparecer un buen montón de iniciativas, desde la explosión de la Educación abierta hasta Khan Academy, pero también el esfuerzo de las editoriales por «digitalizar el libro de texto» con un esfuerzo reseñable de Apple por entrar en este terreno (iTunes U App, iBooks2).

Es muy probable que a lo que asistamos sea a un proceso de digitalización, de seguir haciendo lo mismo de siempre, con los mismos actores, negocio y márgenes, pero trasladado con peor o mayor fortuna a una pantalla. Como en toda industria y faceta de la sociedad a la que ha llegado la transformación provocada por internet, la reacción de los actores dominantes es intentar que se mantenga el status-quo, vendiendo esta digitalización como todo lo necesario para actualizarse a los nuevos tiempos: la música la seguiríamos comprando por discos, la información sería que un periódico descargable en PDF, la enciclopedia la versión digital de la Britannica y así con todo.

Pero lo que sería razonable y deseable es una verdadera transformación, la cultura del libro de texto y su obsolescencia planificada deberían ser puestas en cuarentena. ¿Qué sentido tiene generar y hacer comprar millones de libros cada año? ¿Qué sentido tiene renovar el libro de matemáticas cada poco tiempo? Bueno, muchos entendemos que tiene sentido económico, pero en un sistema educativo en el que los propios profesores comparten sus unidades didácticas, ejercicios y resultados en el aula de las mismas deberíamos llegar a un escenario en el que el coste por libro (incluso si queremos mantener el objeto físico) debería ser mucho menor o incluso 0 en versiones digitales. ¿Por qué el libro de texto que utilicemos no puede ser uno creado por un conjunto de profesores que ha decidido compartir su trabajo?

Y esto que planteo – muchos docentes amigos me han reafirmado – está lejos de ser revolucionario, como los modelos «Flip teaching» y similares (un tema que me apasiona y que merece la pena seguir), es simplemente utilizar la tecnología no como un fin en si mismo (ese estúpido discurso del número de ordenadores por alumno) sino como una herramienta para potenciar el rol del profesor como filtro, guía, acompañante y diseñador del recorrido en el aprendizaje del alumno.

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De la cultura del acceso en música al DRM en los libros digitales

Amazon Kindle
Hace unos días fue muy compartido un artículo de El País con un enfoque muy jugoso sobre el libro electrónico y la música digital: «Su biblioteca morirá con usted».

Apuntan a las cláusulas y modo de funcionamiento de Amazon con Kindle y el iTunes de Apple, sin acabar de redondear la verdadera transición que estamos viviendo, la de una cultura de la posesión a una cultura del acceso, de la música como producto a la música como servicio, y ahí los verdaderos protagonistas son Spotify, Pandora y Rdio. En los tiempos de catálogos inmensos en streaming, accesibles en tarifa plana desde cualquier dispositivo, el concepto de «poseer una canción» o «heredarla» se torna en irrelevante.

Por último, y aunque no dejo de apreciar el artículo y su bienvenido sentido crítico a las plataformas cerradas, queda incompleto al no explicar la alternativa, los libros sin DRM. Y es que los libros sin DRM son mejores para el editor (te hacen compatible con todos los lectores, no dependes del Amazon de turno) y es mejor para los lectores (puedes llevártelo a donde quieras, se puede prestar y heredar sin problemas). La última editorial en dar el salto a este modelo ha sido la Harvard Business Review.

No está muy claro que el libro pase a un modelo de servicio, a una cultura del acceso, modo tarifa plana, parecido a una biblioteca de pago como está intentando 24 Symbols por la forma en que lo consumimos (leer cada obra una sola vez casi siempre por ejemplo). Si al final el que impera es el de compra, el debate deberíamos centrarlo en el DRM y en si los editores van a ser capaces de renunciar a los mecanismos anti copia o si, por el contrario, abrazarán el DRM y quedarán presos – como los lectores – de las plataformas de compañías tecnológicas.

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