Odio, odio, odio los micropagos en videojuegos

Fifa 14

A veces a uno le da por ser claro en los titulares: odio los micropagos en los videojuegos, odio que lo que me va a costar algo que me sirve para desconectar y despreocuparme no sea previsible, odio los mecanismos psicológicos con los que sus desarrolladores nos tiende la trampa, odio que se usen de manera tramposa en juegos infantiles, odio que hayan conseguido convertir uno de mis juegos favoritos – Forza Motorsport – en un sacacuartos, odio que toda la industria los esté abrazando y que la respuesta de los medios especializados esté siendo tibia. Los odio.

Si quieren leer una visión mucho mejor desarrollada, más equilibrada y definitivamente mejor escrita, mi compañero Roberto Jiménez firma Atento a tu barra de maná: los micropagos saben cuándo está baja.

Relacionado: Economía de las aplicaciones para móvil

Más de economía de las APIs: la de Google Maps se pasa al «freemium»

Vivienda en Google Maps
Google sigue reconduciendo su políticas de APIs. Si hace poco le tocó a la de Google Translate, ahora anuncia que el API de Google Maps pasa a modelo freemium: gratis bajo un límite de uso, de pago por encima de ese nivel. La medida tendrá efecto el año que viene y para grandes volumenes aconsejan pasarse a la opción Premier en lugar de pagar precio por petición adicional.

La política de APIs parece haber sido guiada por la confianza de que «ya vendrá el negocio de alguna manera sin tener que cobrar por ellas» y en el caso de Google Maps parecía que esto podía estar con la publicidad integrada en los mapas. Los números no salen a Google y un modelo freemium parece lo más razonable para asegurar que el API es sostenible, que tiene un amplio uso / adopción y que hay un modelo de negocio para las próximas. Curiosamente, sigue vigente lo que comentábamos en 2007 sobre construir tu aplicación sobre APIs de terceros.

Freemium y compras dentro de la aplicación. Negocios en aplicaciones móviles

El 50% de los ingresos generados por aplicaciones en iPhone vinieron por compras dentro de las aplicaciones, no en el momento de la primera descarga, según los datos de un estudio de Distimo en Estados Unidos (vía Giga Om). Este dato es muy interesante, porque puede marcar la estrategia de muchos desarrolladores: tiene cada vez más sentido un modelo freemium en el que se elimine el pago inicial por la descarga y luego se intente cobrar por extras al usuario. Si a eso sumamos que algunos, como los desarrolladores de Angry Birds, empiezan a apostar por el «gratis más publicidad», tenemos que el modelo que puede imponer en 2011 será ese: aplicación gratis con publicidad y ofertas de funcionalidades adicionales de pago.

El freemium no le funciona a Spotify… todavía

Glasvegas en Spotify

20 millones de euros perdió Spotify en 2009, unas cifras que vuelven a poner sobre la mesa la viabilidad de su modelo de negocio fremium, con usuarios que pagan y otros que tienen gratis el servicio con publicidad. Mirando cifras de ingresos, tenemos que el 60% vinieron de las suscripciones de pago, mientras que el 40% fueron por publicidad. Esto nos lleva a un escenario en que el aproximadamente 4% de usuarios suscritos a Spotify generan la mayoría de ingresos de la compañía. En el lado positivo, los costes de distribución con muy bajos, unos 700.000 euros para una compañía que ofreció «tarifa plana de música en streaming» a siete millones de usuarios en 2009.

Con este escenario, la llegada a Estados Unidos – donde su tasa de conversión de usuario gratuito a usuario de pago debería ser mejor – se antoja como un hito clave en el futuro de Spotify. Las amenazas son claras, las discográficas no quieren streaming de música gratis y hay posicionadas varias alternativas sólo de pago. En todo caso, la industria debería mirar con temor un fracaso de Spotify: son quienes mejor están interpretando la música como servicio como bien cuenta Alejandro Cordón

Del pago al freemium, el caso de Mailchimp

Merece mucho la pena echar un vistazo al balance en el blog oficial que hace MailChimp, la compañía de email marketing que hace un año abrazó el modelo freemium. Su experiencia es diferente a la mayoría de servicios que parte de intentar captar una gran masa de usuarios sin cobro, para luego ofrecer «algo más» para el pago.

Mailchimp era un servicio de pago que ya tenía una base de 85000 clientes y abriendo una modalidad gratuita han logrado que esta cifra no sólo no baje, sino que crezca un 150%. En beneficios han crecido porque el paso a fremium ha bajado el coste de adquisición de clientes un 8%, era más caro hacer una venta para ellos gastando sólo en marketing que combinándolo con una parte del servicio gratis y que el usuario luego pasase a pagar.

Claro que es un caso que no aplica para todos, pero entre el «todo tiende a ser gratis» y «el negocio está en hacer algo por lo que los demás estén dispuestos a pagar» hay estrategias como la de Mailchimp que son capaces de combinar bien ambos principios.

¿Quién controlará el marketplace de los servicios premium en internet?

Open Screen Project

Muy interesante el artículo de Díez Ferreira sobre el futuro y dificultades de los servicios premium que quieren cobrar en internet. Si hace un par de años el mantra era «no va a haber publicidad para todos», este final de 2010 toca enfrentarse en que «no habrá pago de usuarios para todos». El debate que levanta Miguel Ángel es acerca de quién será el encargado de comercializar y ser el intermediario en la contratación de servicios, con las telecos como candidatas gracias al posible cambio de escenario tras el debate del fin de la tarifa plana. La idea sería que acabaran ofreciendo un ADSL básico por un lado y ADSL con servicios premium (pensemos en una conexión + Spotify + Hulu) por otro.

Sin embargo, servidor no apostaría por un escenario de concentración de servicios online de pago en paquetes tipo «Imagenio», sobre todo porque aunque es cierto que por usuario no va a haber un desembolso más allá de tres o cuatro suscripciones a lo sumo, creo que hay que cruzar este escenario con «la larga cola»: servidor puede querer permitirse sólo dos o tres pagos en la red, siendo uno de ellos minoritario en volumen pero importante para mí (algo que ya está reflejado en el mundo del porno, que como siempre va por delante). En cuanto a la intermediación, creo que en realidad estamos ante varios escenarios posibles:

  • Marketplace del que controla el hardware. Aquí no hay que ir muy lejos para pensar en candidatos, con Apple y su AppStore, Android y la llegada al mercado de Google TV, pero también los fabricantes de televisores y, no olvidemos, las consolas de videojuegos que llevan años andando en este sentido. Este escenario es necesariamente fragmentado en varias plataformas y no hay fabricante que cubra desde la tele del salón hasta el móvil (al menos todavía). Si uno paga por Spotify quiere tenerlo en todos lados y una teleco a priori puede ofrecer eso, pero un fabricante todavía no, aunque tanto Apple como Android parecen haber empezado la carrera en esa dirección.
  • La vida sigue igual, contratamos servicios de forma individual en la red, pero aparecen webs que hacen la función de «marketplace». Esta es la apuesta de la Chrome Web Store. Con el debate de la «muerte de la web» sobre la mesa y la constatación de que entornos como la AppStore son mucho más propicios para la venta de programas y servicios, parece complicado que nada cambie o que funcionen fórmulas como la de Google.
  • Las telecos venden los servicios de internet, algo que probablemente está en sus planes y que Telefónica lleva tiempo tanteando al incluir Pixbox gratis algunos meses junto a la conexión. A su favor tienen el incluir los pagos en la factura del cliente y la capacidad de ofrecer servicios junto a la conexión, pero también hay factores en su contra: se vuelve a dividir el mercado en países (algo que internet desafía continuamente, no hay más que ver el caso de las series americanas) y la dificultad que se van a encontrar en su pugna con los fabricantes de dispositivos que tienen sus propios planes (Apple claro, pero también XBox, Sony, Samsung…). Nunca una teleco ha hecho bien una tienda de aplicaciones, son más dadas a hacer paquetes como indica Ferreira y eso no es internet.

Curiosamente si miramos los número de las plataformas de aplicaciones en el móvil podríamos concluir en que no son un gran negocio, pero el escenario cambiaría si en lugar de pago por aplicación se llevaran un trozo de la tarda de las suscripciones a servicios. A día de hoy Apple no se lleva nada de la suscripción a servicios de un usuario de pago (véase el caso de Times Inc por las suscripciones en el iPad), pero no está claro que eso vaya a seguir así en el futuro y tanto quienes controlan las plataformas (vía cambio en las condiciones) como las telecos (apagando el grifo de la tarifa plana) podrían intentar conseguir.

Last.fm pasa a ser de pago

Nuevo last fm

Anuncio importante para todos los «usuarios intensivos» de Last.fm entre los que me incluyo: excepto en Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, pasa a ser de pago por suscripción mensual de tres euros al mes. Hasta ahora – y en los países antes citados se mantiene así – se podían escuchar gratis la radio personalizada a los gustos propios, las asociadas a un grupo o a un tag y la de los vecinos y recomendaciones, la versión de pago «premium» daba acceso a una radio más exclusiva de «mis favoritos», cercana a la música online bajo demanda pura. El acceso a la información y el «scrobbling» (recopilar el histórico de tus canciones escuchadas) seguirá siendo gratis – en realidad la publicidad con banners financia esta parte – como explican en el blog oficial.

Last.fm no vende publicidad premium en la radio fuera de los países elegidos, por lo que las cuentas no encajan y dar radios gratis no le resulta rentable a la CBS, propietaria del servicio. Este escenario está agravado por el hecho de que la experiencia de la versión de pago no era suficientemente superior a la que ofrecían en la versión gratuita, que era bastante buena. De hecho, como usuario de pago que he sido en ocasiones, cuando no he renovado la suscripción me he dado cuenta semanas después dado que utilizaba sobre todo las radio que – hasta ahora – no eran de pago.

Podemos pensar que esto allana el camino en España a otros actores como Spotify, Yes.fm o Rockola, que sí tienen fuerzas de venta locales, para conseguir lo que ha hecho Last los últimos años: crecer con una versión gratuita que ayude a aptar usuarios. Sin embargo, la solución a largo plazo para todos sigue siendo ofrecer una versión de pago que aporte un valor diferencial que empuje a los usuarios a pagar y les asegure ingresos más allá de la publicidad. O, visto de otra forma, que la experiencia de la música gratis sea lo suficientemente buena como para preferirla a la descarga, pero no tanto como para no plantearse la premium. Los modelos de negocio freemium necesitan un equilibrio entre lo que das gratis y se financia vía anuncios y las posibilidades de la versión de pago: cuando la publicidad cae, la versión gratuita provoca un déficit y si el porcentaje de la premium es bajo, el servicio no puede continuar. El caso extremo de esta medida fue el de Zattoo.

Una pena por lo que le va a caer a Last.fm, con mucho, el servicio que ha definido en gran parte lo que ya está siendo el futuro de los servicios asociados a la música online.

Artículos relacionados: Last fm se renueva,

Freemium como modelo de negocio. Tendencia 2009

Spotify

Si 2008 fue el año del «Free» que sintetizara Chris Anderson en Wired, el 2009 bien podría ser el de la constatación de que no hay publicidad para todos y de pensar en articular propuestas alrededor del modelo freemium. El término lo popularizó Fred Wilson y la idea básica es ofrecer una versión gratuita de determinado servicio o contenidos, pero también reservar una parte para usuarios de pago. El propio Anderson (entrevista) contempla el «freemium» en sus tesis sobre la tendencia hacia lo gratuito en la red y no hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos que funcionan: Skype o Flickr son dos servicios que siempre han permitido un uso gratis y han sido capaces de cobrar por valor añadido sobre ellos.

La crisis económica ha aumentado la impaciencia de inversores («RIP good times», NYT) y gran parte de las iniciativas «2.0» ven peligrar su existencia al encontrarse en el estado «buscando crecer en número de usuarios mientras encuentro modelo de negocio o pienso como vivo de la publicidad». Claro que transitar de una versión 100% gratis a un modelo freemium no es fácil, hay que tener en cuenta el mercado en el que se mueve uno (qué alternativas gratis hay), qué valor se va a ofrecer y cómo es percibido. En este último punto es curioso lo que se puede uno encontrar, nadie pagaría hoy por un navegador web para el escritorio, pero hay quien lo hace para dispositivos como el iPhone (alternativas a Safari) o para Wii. La idea es que hay nichos con más cultura de pago que otros (ej, usuarios de Apple, telefonía móvil, consolas). En el caso del mercado español, todavía más complicado, la cultura de pagar por servicios en la red está poco o nada arraigada, aunque empiezan a verse algunos detalles para pensar en cambios, como el caso de los numerosos usuarios «Pro» de Flickr.

Nos queda la industria de los contenidos, ¿Es posible cobrar por contenidos en la web de hoy? nos preguntábamos hace tiempo. La respuesta sigue siendo complicada, estoy convencido que por «webs de texto» no va a pagar nadie, pero quizás por otro tipo de contenidos, sí. Y dentro de ese pago por contenidos será clave la experiencia de usuarios. Incluso contra el eMule se puede competir y cobrar, y un ejemplo de ello puede llegar a ser Spotify (cuyo modelo de música bajo demanda es freemium también, por cierto). Jesús Encinar afirmaba hace poco que «el valor de los contenidos tiende a cero», algo con lo que no acabo de estar muy de acuerdo: en texto lo que ya dejó de tener valor es el dato, el análisis y la opinión siguen sin ser un «comodity». Cuando más compleja la producción y más único el producto, más lejos estamos de que los contenidos no tengan valor.

¿Y los usuarios qué? Siempre me ha parecido genial la publicidad en internet, ha sido y es un factor extraordinario en la ruptura de cierta brecha digital y ha permitido el acceso a servicios a cualquier internauta. En estos tiempos en los que, por primera vez, baja en Estados Unidos la publicidad online (en España, aun con crisis, debería subir en 2009), es posible que asistamos a un descenso en la oferta de servicios online 100% gratis hasta encontrar un punto de equilibrio entre soportes y mercado publicitario.

Artículo relacionado: Zattoo HiQ y las dudas sobre el modelo «Free» en internet

Spotify y modelos para la música bajo demanda

Spotify

Spotify es el nombre de un nuevo servicio en beta cerrada que apuesta por la música bajo demanda con un modelo «freemium». La idea gira en torno a ciertos factores que comentamos cuando lo de si se podía hacer negocio con la música digital en España: música bajo demanda con un catálogo muy amplio, con modalidad gratis con publicidad y la posibilidad de un sistema de suscripción de música de pago sin anuncios (10 dólares al mes, 1 dólar para probar un día). A esa propuesta suman la existencia de servicios adicionales: playlists y radio a partir de un determinado grupo al estilo Pandora o Last.fm.

Spotify se va acercando a lo que uno quiere/espera de servicios alrededor de la música. Escuchar lo que quiero, cuando quiero y con servicios de valor añadido para personalizar mi experiencia. Le falta el acceso desde el móvil y, sobre todo, demostrar que su propuesta freemium funciona comercialmente. Lo primero es un gran problema, al final Spotify y los servicios de suscripción basados en streaming siguen sin solucionar el problema de la movilidad. El requisito de instalar una aplicación (Windows y Mac sólo), es otro obstáculo, pero Spotify merece realmente la pena. ¿Pagaría por él? Depende, si pudiese acceder a la música desde el móvil y la experiencia de la versión gratuita no fuese muy buena, posiblemente lo haría.

En todo caso, me está gustando mucho, tanto que alterna en atención con «mi servicio de cabecera» en lo que se refiere a escuchar música en el ordenador, que no es otro que Last.fm. Spotify puede llegar a ser uno de los grandes actores del sector tal como es Last si sigue ejecutando su propuesta al nivel que ha empezado y consolida el acierto de tener una versión de pago, algo que en 2009 va a ser mucho más común de lo que viene siendo hasta ahora.