Balance tras un año editando libros sin DRM

La editorial Tom.com de Reino Unido:

La medida ha propiciado un año sumamente positivo para nosotros, ha ayudado a establecer Tor y Tor Reino Unido como una editorial que escucha a sus lectores y autores… por eso hemos ganado una increíble cantidad de apoyo y la lealtad de la comunidad. Un año después todavía estamos contentos de que nos tomamos este paso con la editorial y continuamos publicando todos los títulos de Tor Reino Unido sin DRM .

No dan números, por lo que habrá que tomárselo con cierta distancia… asumiendo además que hay que descontar el efecto notoriedad gracias a la visibilidad pública por ser los primeros en hacer esto y el sesgo del tipo de público al que se enfocan con su selección de obras, notablemente más sensible a la hora de apoyar a una editorial que renuncie al DRM.

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DRM en la música, DRM en el libro electrónico

En Ars Technica preguntan y se preguntan por el hecho de que si bien el DRM en la música parece ya un episodio pasado cuando hablamos de compra (que no cuando hablamos de música como servicio), en los libros electrónicos permanece y, es más, no hay un debate fuerte sobre el tema.

Es un aspecto que hemos comentado mucho por aquí, mi impresión ha sido siempre que las protecciones anticopia iban a ser mejor toleradas en el libro por el tipo de «consumo» que hacemos del mismo: generalmente leemos una vez y listo, frente a la música, en la que volvemos una y otra vez a las mismas canciones. Si a eso sumamos que Amazon ha solventado bien la incompatibilidad por diseño que introduce el DRM desarrollando clientes para cada casi plataforma (todas de facto al haber uno web), tenemos que los efectos para el usuario no son tan inmediatos como era comprar una canción en iTunes hace años y ver que no funcionaba en un teléfono que no fuese iPhone.

Recupero tres piezas al respecto: Editores de libros: el DRM no es vuestro amigo, De la cultura del acceso en música al DRM en los libros digitales y Toleramos el DRM en libro hasta que…

Toleramos el DRM en libro hasta que…

Tiene uno escrito que el DRM en libros se acepta mucho mejor que en música, pero claro eso es hasta que suceden cosas como esta en la que aparentemente Amazon borra la cuenta y los libros comprados a un cliente sin más explicación (que ojo, puede que hubiese motivos más o menos discutibles, lo que no hay es explicación por parte de Amazon).

Enrique Dans lo analiza y apunta que comprar con DRM no es comprar, algo que plena cultura del acceso y con la forma que tenemos habitualmente de «consumir» libros (generalmente se leen una vez y listo) podría ser algo bastante aceptado si no tenemos en mente la amenaza del borrado de la cuenta.

En todo caso, para todos los que «compramos» libros con DRM, os dejo una guía para liberarlos, algo que además los hace de repente compatibles con cualquier dispositivo.

De la cultura del acceso en música al DRM en los libros digitales

Amazon Kindle
Hace unos días fue muy compartido un artículo de El País con un enfoque muy jugoso sobre el libro electrónico y la música digital: «Su biblioteca morirá con usted».

Apuntan a las cláusulas y modo de funcionamiento de Amazon con Kindle y el iTunes de Apple, sin acabar de redondear la verdadera transición que estamos viviendo, la de una cultura de la posesión a una cultura del acceso, de la música como producto a la música como servicio, y ahí los verdaderos protagonistas son Spotify, Pandora y Rdio. En los tiempos de catálogos inmensos en streaming, accesibles en tarifa plana desde cualquier dispositivo, el concepto de «poseer una canción» o «heredarla» se torna en irrelevante.

Por último, y aunque no dejo de apreciar el artículo y su bienvenido sentido crítico a las plataformas cerradas, queda incompleto al no explicar la alternativa, los libros sin DRM. Y es que los libros sin DRM son mejores para el editor (te hacen compatible con todos los lectores, no dependes del Amazon de turno) y es mejor para los lectores (puedes llevártelo a donde quieras, se puede prestar y heredar sin problemas). La última editorial en dar el salto a este modelo ha sido la Harvard Business Review.

No está muy claro que el libro pase a un modelo de servicio, a una cultura del acceso, modo tarifa plana, parecido a una biblioteca de pago como está intentando 24 Symbols por la forma en que lo consumimos (leer cada obra una sola vez casi siempre por ejemplo). Si al final el que impera es el de compra, el debate deberíamos centrarlo en el DRM y en si los editores van a ser capaces de renunciar a los mecanismos anti copia o si, por el contrario, abrazarán el DRM y quedarán presos – como los lectores – de las plataformas de compañías tecnológicas.

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Editores de libros: el DRM no es vuestro amigo

Por aquí lo comentamos al analizar el movimiento de la Rowling, «menos control en el libro electrónico, es más: sin DRM los editores pueden ofrecer una buena experiencia de compra a sus clientes, ser compatibles con más dispositivos y no estar sometidos a los dictamines de Amazon, Nook o Apple

Ahora en Giga OM lo explican más y mejor, los editores no están sino interponiendo barreras a si mismos que les obligan a pasar por el aro de los que controlan el dispositivo / aplicación de lectura, los Amazon y Apple de turno. Cuando dentro de unos años – no demasiados si siguen así – se enfrenten a una situación cautiva frente a un monopolio (oligopolio en el mejor de los casos) quizás vuelvan la vista atrás para lamentar ese momento en que «compraron» el DRM que los grandes concentradores tecnológicos le ofrecen ahora «para salvarles».

Cuando los libros son software, tienen problemas de software

Kindle nuevo

Hay tres debates clave alrededor del libro electrónico. El primero, que gira en torno a modelo de negocio, precios y actores, está en plena ebullición en España; el segundo, sobre la desintermediación y concentración en el sector se encuentra en estado incipiente pero presumiblemente irá a más; el tercero tiene que ver con ciertos costes ocultos de la digitalización del libro. O, mejor dicho, con los efectos derivados de que lo que está pasando con el libro no es su mera «digitalización», sino su transformación en software.

Los libros electrónicos ya son software

Habitualmente asociamos que un «libro electrónico es un fichero», con una analogía similar a lo sucedido con las canciones. Hasta ahí el debate respecto al libro gira entorno a la inclusión de sistemas de DRM para evitar la copia, algo que ya empieza a introducir la incompatibilidad en la lectura: es necesario un software compatible con la tecnología DRM para poder hacerlo, algo que constituye uno de los grandes problemas de Libranda.

Pero la transformación del libro no se queda ahí. Tenemos además que la distribución de los mismos se está concentrando en actores que ofrecen el lector y la tienda integrada, y, por tanto, establecen las reglas de qué podemos comprar para esos lectores. Además tenemos escenarios más sofisticados, editoriales que transforman libros en apps y casos como el de iBooks 2 de Apple, que merece la pena analizar aparte.

Hay una confusión, con iBooks Author no se hacen libros

Cuando fue lanzado este nuevo sistema para crear un nuevo tipo de libro interactivo cuya factura es realmente atractiva (véase apple.com/education) surgió una interesante polémica por los términos y condiciones de la misma: se produce un fichero con formato propietario de Apple que sólo se podía comercializar en la tienda propiedad de la compañía de la manzana. Permiten exportar a otros formatos como PDF, (y comercializarlos), pero ya dejarían de ser «obras interactivas».

La confusión redise en entender que con iBooks Author se hacen libros cuando realmente se programan módulos para un software de Apple. No es la única de este compañía, la última consiste en bloquear libros con enlaces a Amazon dentro de los mismos.

Control y géneros híbridos en el libro electrónico

Al final las mayores concesiones se producen cuando se quiere aumentar el control de la obra. Se añade DRM para evitar la copia y los efectos que se producen son que los libros son menos libros: no se pueden prestar, no se pueden leer desde cualquier parte ( es decir, cualquier dispositivo, puesto que se introduce incompatibilidad) y se abrazan plataformas que limitan y controlan lo que se puede publicar.

La otra vía por la que los libros están siendo transformados es por la hibridación de géneros, tomando elementos de los juegos, incorporación de elementos multimedia y aprovechando características de los nuevos soportes de lectura como son la integración de redes sociales y la geolocalización. Por un lado esto supone que habrá más confusión respecto a lo que podemos considerar un libro digital, por otro, que de nuevo tenemos problemas de software: licencias, compatibilidad o no con según qué plataformas y, también muy interesante, evolución de versiones frente al concepto de obra terminada.

Estándares abiertos Vs la lectura como servicio

Siendo problemas software, conviene enfocarlos desde las distintas estrategias que se han venido aplicando en la informática las últimas décadas. Una vía de solución a estos problemas es la utilización de estándares abiertos, que permiten su adopción por cualquier lector y, por tanto, evitan problemas como la incompatibilidad. Aquí tenemos ePub como referente del sector, pero cuando se introduce DRM se evaporan parte de sus ventajas. ¿Alguien quiere publicar y no producir obras incompatibles y que no se pueden prestar? LA solución es ePub sin DRM

La otra vía que están explorando las distintas plataformas es la de dar una solución multidispositivo en el caso de Kindle, a cuyos libros uno puede acceder casi desde cualquier cacharro con navegador web. Han convertido el acceso a la lectura de tus libros en un servicio y uno empieza a despreocuparse de si realmente «tiene» la obra comprada o no encima. No se evitan los problemas del control, pero sí que esquivan el debate sobre el DRM construyendo una versión más sofisticada del mismo.

Sea como fuere, el debate del libro digital debemos abordarlo cada vez más en clave de debate sobre el software