El hoax casi siempre es más interesante que la verdad o cómo la falsedad se difunde mucho más que la rectificación

Mujer tres pechos

En UpShot, «por qué los rumores desbancan a la verdad online»:

Lo más sorprendente es la forma en que la información falsa incial circula mucho más que la que las correcciones posteriores. Por ejemplo, el articulo de Snopes con la historia del avión ha sido compartido sólo 735 veces desde que se revisó para clasificar el rumor falso, una pequeña fracción de la circulación de los artículos que respaldan el hoax.

Un caso notorio y cercano es el de «la mujer que se operó para tener tres pechos». Es mucho más valiosa la noticia falsa porque nos da la oportunidad de ser originales y divertidos en las redes sociales, el desmentido tiene mucho menos recorrido, apenas el de «ser más listo por poder desmentir a otros».

Por aquí ya lo hemos comentado más de una vez, la verdad es menos viral, Cuando la viralidad tiene mejor recompensa que la veracidad y, sobre todo, No creas nada que no venga con los enlaces a las fuentes para poder contrastarlo

Cuando la viralidad tiene mejor recompensa que la veracidad

Harlem shake

Hoy toca obsesión personal, que no es otra la de la veracidad de la información y la distribución masiva de errores, falsedades o simplificaciones por internet. Iba a titular algo así como «ese viral que disfrutas y compartes es falso», pero aunque llevamos tiempo discutiendo que la la verdad es menos viral, tampoco quiero situarme en el extremo del rechazo del todo por la parte.

En las últimas semanas he coleccionado varias lecturas que apuntan en la misma dirección; NYT con «Si una historia es viral, podemos dar por derrotada a la verdad»; Vice.com que escoge el mismo ejemplo del artículo de Linda Walther Tirado y su posterior difusión; Daily Caller partiendo de otro caso, el de la historia de Elan Gale en el avión.

Si no conocen los virales discutidos, en esos artículos pueden asomarse a ellos y observar un patrón común: el de una historia que toca el lado emocional, polémico o divertido, capaz de generar titulares llamativos y que se puede consumir en un minuto. A ello se le suma un sospechoso habitual – Buzzfeed – y su máquina de detectar y amplificar temas con potencial de viralidad y la combinación está servida: difusión planetaria, éxito en redes sociales, cientos de miles de compartidos y me gusta e ingresos para varios de los actores de la cadena: a veces el creador del hoax o fake, siempre los agregadores de virales y las plataformas de difusión tipo Twitter o Facebook.

Y los usuarios, que nos llevamos nuestra recompensa en forma de «señales sociales» con «me gustas», «+1», «favs», «retuiteos» o más seguidores. En toda la cadena hay incentivos – y esto es importante – para detectar el viral en un momento temprano, cuando los competidores por la atención no lo han amplificado y distribuido todavía. Con eso ganamos mucho en capacidad de ser quienes lideren su popularización y, por tanto, nos llevemos el trozo gordo de la visibilidad y el tráfico.

File extensions Xcdk

Claro que al final, cuando se descubre que la información era errónea, falsa o incompleta, la visibilidad de la corrección es la mayoría de las veces tiene mucho menos alcance. ¿Impacta en los Buzzfeed y compañía? Tengo mis dudas, por un lado mi impresión es que la exigencia de los ciudadanos con estos sitios y su contenido de ocio es baja; por otro tampoco creo que a nadie le guste visitar un sitio donde gran parte del contenido son invenciones más o menos interesadas.

No soy demasiado optimista, pero al menos se van observando movimientos: las plataformas de distribución como Facebook anuncian cambios para tener menos «memes» de este tipo, también – aquí tengo un sesgo – empiezo a ver voces críticas con la credulidad y la falta de exigencia respecto a los contenidos que consumimos. Por aquí seguiremos en todo caso dando la vara, alertando de cómo la tentación de lo que queremos creer, de que debemos exigir enlaces para contrastar lo que nos cuentan (cómo odio esa tendencia actual a compartir capturas de artículos en Twitter de tantos usuarios que sólo porque con foto los twits se ven y comparten más nos privan a los demás de la información y al medio que ha la creado de las visitas) y repudiando las imágenes eslogan.

Por cierto, respecto a esto último, Xkcd lo clava.

La verdad es menos viral

Gawker carta meme

PaidContent recoge una discusión pública en el seno de Gawker con su CEO Nick Denton como protagonista. El tema es la publicación de un meme – algo en lo que abundan – menos verosímil de lo habitual: una carta presuntamente de un abuelo con un nieto gay a su hija en la que le reprocha el haber renegado de él.

Este caso me recuerda mucho el del beso de las rusas: compartimos muchas veces lo que nos gustaría que fuese verdad, lo que creemos y nos refuerza porque cumple la doble misión de ayudar a sentirnos que estamos dando visibilidad a lo que «es bueno» a la vez que nos reafirma y da argumentos para comunicar nuestra identidad y sentirnos cargados de razón.

Para el medio, Denton tiene un punto con esta discusión, hay más tráfico y más viralidad en el meme que queremos creer que para el que es un aguafiestas y tarda días en publicarlo para estudiar y – en su caso – negar la veracidad. Él es optimista al afirmar que «internet proveerá el remedio para su propia enfermedad», yo no lo soy tanto.

Relacionado: No creas nada que no venga con los enlaces a las fuentes para poder contrastarlo

Besos de rusas, velocidad de la información y lo que queremos creer

Una de las «obsesiones» habituales por aquí reflejada en el artículo «desmontando el beso de las rusas en el pódium, que vuelve a mostrar luz sobre la dificultad de mantener una actitud crítica ante la avalancha de información que buscamos y recibimos online.

En este caso mi impresión es que se conjuga el deseo de inmediatez (por parte del medio y el emisor, ser los primeros en contarlo; por parte del ciudadano, quiero tenerlo todo en tiempo real y velocidad Twitter) junto al de querer creer las interpretaciones que refuerzan lo que nos gustaría que sucediese.

Sobre estos temas por aquí hemos hablado mucho, os dejo un par de enlaces al respecto: No creas nada que no venga con los enlaces a las fuentes para poder contrastarlo; Contra las “imágenes eslogan” y a favor de los “enlaces argumento”

No creas nada que no venga con los enlaces a las fuentes para poder contrastarlo

Kiosko de prensa
Esta semana me he ido encontrando – y me consta que no he sido el único – a numerosos contactos compartiendo bulos de lo más variopinto en Twitter, blogs y, sobre todo, Facebook, que parece el servicio definitivo donde convergen todos los «fakes» que circulan por la red. Seguro que a muchos os sonará lo de los 56 días de Hollande o aquello de que en España hay 445568 «políticos profesionales», sin olvidar los típicos escritos con barbaridades que se atribuyen a un escritor de prestigio para darle más credibilidad (como uno en el que supuestamente Jose Luis Sampedro llama «hijo de p.» a cierto político).

Lo más interesante es que, al menos en mi caso, me he encontrado que estos bulos han sido compartidos por gente inteligente y con criterio, con la que se puede hablar razonadamente. Siendo así ¿cómo es posible que en la era de internet, con tantas fuentes para poder contrastar rápidamente los datos estos bulos tengan tanto recorrido? ¿cómo en la era de los blogs, de la posibilidad de tener comentarios y con miles de ojos vigilando, estamos peor que cuando circulaban los powerpoints en las cadenas de correo?

Seguramente la primera causa es la predisposición que tenemos todos a otorgar verosimilitud a aquello que queremos creer, cuando nos dicen precisamente aquello que queremos escuchar. Y ahí todos podemos caer en la tentación de darle a ese compartir en el preciso instante en que hemos sido compensados con ese instante de reafirmación de nuestros prejuicios sobre cualquier tema. Si uno quiere creer que Hollande ha arreglado Francia y ha abierto miles de centros de investigación y guarderías apretando a las grandes empresas en un plis plas o que la crisis en España es culpa de los cientos de miles de políticos que nos cuestan dinero y que con quitarlos ya estará todo arreglado y el coste de compartirlo es tan bajo (un click), no es de extrañar la capacidad de viralidad de estos bulos.

No creas nada que no venga con los enlaces a las fuentes para poder contrastarlo


De un tiempo a esta tarde me he impuesto no otorgar carta de verosimilitud a ningún tipo de información que no venga acompañado de los enlaces a las fuentes de quien ha desarrollado la pieza para poder contrastar, profundizar y analizar la fiabilidad de lo que me están contando.

Y esta exigencia de enlaces no se agota en quien ha sido la fuente del -todavía presunto – bulo, esas páginas del tipo «nuevomediotovaiamasarmarillistaquelosanteriores.com» o «soyelbloggermasmilitantedelplaneta.com», ni siquiera aunque vengan de un blogger o medio con un prestigio labrado durante años. No pocas veces uno se encuentra que cuando tratan un tema del que uno sabe bastante dan pábulo a un rumor, a un estudio inconsistente o directamente toman por cierto cualquier afirmación que venga de un «experto».

Si el medio o el blogger no me proporciona sus fuentes ya sea con enlaces o al menos citándolas, si no me explica cómo ha conseguido averiguar eso que afirma, por mi parte el contenido pasa a estar en «cuarentena» y no lo tomo por cierto hasta que informaciones posteriores lo confirmen más allá de la duda razonable.

Una era de información y contenidos «curados» por los usuarios

En una web en la que los contenidos llegan a nosotros porque «nos los descubren», el rol del usuario a la hora de compartir y emitir otras señales sociales (votar, comentar) cada vez es más relevante en el proceso completo de la información. Este ciclo no acaba ni mucho menos con la publicación, en ese momento empieza el escrutinio público y la distribución y cada vez vamos a necesitar mecanismos para que los desmentidos de los bulos afloren.

¿Qué mecanismos tenemos a día de hoy? Para empezar siempre considero más fiable un contenido de un medio con comentarios abiertos y una pieza que haya pasado el filtro de los «curators» (perdón por el anglicismo, pero las traducciones «comisario» o «filtro» no me acaban de convencer) que tengo por referencia o de una comunidad tipo Menéame. En los sistemas de comentarios echo de menos mecanismos de meritocracia como el que tenemos en Weblogs SL, la visibilidad la otorga la propia comunidad, de forma que si un comentario desmiente la noticia o la matiza, es muy probable que otros usuarios lo voten y lo sitúen el primero. También estoy pendiente de proyecto como Fixmedia, cuyo objetivo es precisamente «mejorar las noticias» con información adicional.

En todo caso, estos mecanismos son insuficientes a día de hoy. Una era en la que los ciudadanos son una pieza clave en la calidad y la distribución de la información debería llevarnos a potenciar el sentido crítico, a desarrollar mecanismos para filtrar y discriminar y para intentar tener la responsabilidad de que lo que distribuimos tiene al menos un alto grado de verosimilitud y podemos trazar el origen de la información. El disponer de enlaces a las fuentes para poder contrastarlo debería ser una primera base para conseguirlo.

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Foto: Carlos Carreter