Sobre los lamentables ataques DDOS a SGAE y al Ministerio de Cultura

«No debería uno contar nunca nada…» así empieza el último libro de Javier Marías – ese autor tan poco amigo de internet – que pasó por mis manos. Y sobre el tema del ataque Ddos a las páginas de la SGAE y del Ministerio de Cultura creo que sería lo más inteligente, dos de las organizaciones merecidamente con peor imagen y más criticadas de nuestro país, convertidas en víctimas gracias a que una multitud anónima y coordinada decidió que lo mejor para luchar contra ellos era «tirarles las webs». Sobre el caso en cuestión recomiendo leer lo que escribió Delia en su blog, qué es un DDos, como se han organizado, quiénes son (o más bien, por qué no sabemos su identidad)… y cómo se ha repetido con las organizaciones españolas lo que pasó hace casi nada a la RIAA.

¿Y por qué acabamos hablando del tema? En mi caso ha sido leer lo que han escrito, por ejemplo, Dans, Juan Santana de Panda o Arcos y, no poder salir de mi asombro: según «los fines», los ataques DDos son aceptables y una legítima forma de protesta en internet, equiparable con una sentada. No sólo creo que esta postura es maníquea y éticamente insostenible (¿quién define cuáles son los fines «legítimos» para hacer un DDos? ¿podemos atacar una página de una organización pública pero a una privada, no? ¿cuándo el linchamiento sea a «uno de los nuestros», también lo bendeciremos y diremos que es inevitable?), sino que además intentan dar sostén ideológico a iniciativas que sólo sirven para alimentar a quienes quieren el control de internet, el fin del anonimato y la regulación ultrarestrictiva de todo lo que sucede en la red.

¿Hay algo más ingenuo que confiar en que en la red se harán los ataques DDos que se quieran, contra quien se quiera y cuando se quiera? Eso es que, sencillamente, no va a pasar. Cuando se ataque a páginas de estados y empresas por grupos de presión, directamente éstos tendrán el argumento perfecto para forzar regulaciones restrictivas de la red. Claro que internet es un espacio de libertad estupendo y que servidor quiere que lo siga siendo, pero los linchamientos organizados y anónimos son la peor especie de ejercicio de la libertad. Realizar estos ataques es torpe, aplaudirlos como si la defensa de los derechos de la red consistiese en esto, es todavía peor. En Twitter discutía con Julio, que defendía la proporcionalidad y mirar cada caso. Estoy de acuerdo: por eso las manifestaciones están reguladas, para que ninguna multitud pueda «joder» a quien quiera sólo porque decide que es lo correcto. Si no, llegaríamos a situaciones que no nos iban a gustar a nadie. ¿aplaudimos un ataque DDos contra las infraestructuras críticas de España porque al apoyar como estado la guerra de Irak hay suficiente gente que piensa que se lo merece?