Tipos de aplicaciones que la gente acaba usando (y el sitio para los medios ahí)

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En Monday Note tienen una buena aproximación contra la idea creada en torno al «como la gente en el móvil pasa mucho tiempo usando aplicaciones, mi sitio ahí está en hacer otra aplicación». Ellos se centran en los medios y en cómo no requieren de mucho del valor que se obtiene al hacer una aplicación local (GPS, cámara, procesamiento) ni están consiguiendo aportar el valor necesario para conseguir espacio en los muy competidos primer, segundo y tercer «swype» del móvil.

De hecho hay otra confusión habitual, el identificar tiempo de uso con valor. El estadio de fútbol de una ciudad se usa una vez a la semana, pero tiene mucho valor para gran cantidad de gente; en el móvil hay aplicaciones de uso ocasional pero que los usuarios consideran críticas y necesarios. El caso es que tampoco está claro el espacio para los medios bajo esta casuística.

Su reflexión, de hecho, me ha recordado un heurístico que tengo para valorar aplicaciones que la gente se instalaría: son un juego, son una utilidad de gran valor (mapas, procesamiento de fotos, cloud) o a través de ellas se conectan a gente, se ven caras del grafo social de cada uno. El resto, me temo, lo tiene muy complicado.

¿Hay sitio para los medios o el sitio para ellos está en el navegador o condenados a la intermediación de los Facebook, Flipboard y otros agregadores? No soy optimista. Para la inmensa mayoría de medios, sabiendo el patrón cada vez más promiscuo respecto a las fuentes de información, mi impresión es que no; otro escenario es aquél en que un medio consiga aportar un valor tan diferencial como para que merezca la pena usar su aplicación y darle un lugar de privilegio en las pantallas iniciales. Y creo que para eso, no debería ser sólo la app de un medio, debería ser una la puerta de entrada a mucho contenido seleccionado y filtrado desde una visión de calidad y el interés que puede suscitar.

Secret, escándalo y anonimato

Sobre una de las «nuevas niñas bonitas» del panorama geek estadounidense – Secret – me quedo con la pieza que han hecho en The Verge:

Últimamente Secret ha sido el tema número uno entre los trabajadores de alta tecnología de Silicon Valley, inversores y los medios de comunicación que los cubren. Alrededor de San Francisco toda la la gente está devorando su «feed» de Secret, con su mezcla impredecible de sexo, drogas e industria de los chismes. Tríos del Día de San Valentín, las fotos de su mejor hierba, mamadas en la cocina de un restaurante – todo está ahí, tal vez cierto, tal vez no – pero garantizado que lleva a intentar adivinar quién lo publicó.

Los secretos han sido escritos por tus amigos, aunque nunca sabrás qué amigo….

Me ha gustado por el buen balance que hace sobre el anonimato, la identidad y la ruptura de la credibilidad cuando se desliga mensaje del emisor.

Contra los mitos del mercado de apps: concentración de quienes ganan dinero

Angry Birds

Merece la pena echar un vistazo a un estudio de Canalys sobre negocio en las tiendas de aplicaciones móviles porque su conclusión – 25 empresas acumulan la mitad de todos los ingresos – se enfrenta a uno de los mitos instaurados alrededor de estos entornos, aquello de que casi no hay barreras de entrada y de que es una oportunidad inmejorable para los pequeños.

Lo cierto es que la abundancia de aplicaciones lo que provoca es una fuerte necesidad de marketing para tener visibilidad y eso requiere de recursos; la dificultad de tener éxito a la primera (y a la segunda, tercera…) es otro de los aspectos minusvalorados y que también favorece a quienes tienen músculo financiero para intentarlo una y otra vez. El boom de las apps puede derivar en una suerte de visión mítica tipo “voy a hacer un Angry Birds” que no es realista, por mucho que exista una larga cola y se haya dado – excepcionalmente – algún caso.

Aplicaciones, costes y barreras de entrada

¿Cuánto cuesta hacer una aplicación para móvil? En plena ebullición de la fiebre (¿burbuja?) «pro apps», merece la pena leer sobre la analogía desarrollada por darwinapps: una aplicación cuesta lo mismo que un coche, dime los requisitos que quieres cubrir y te diré de qué gama es.

En el debate de «aplicaciones Vs Web» pocas veces metemos en la ecuación la gran barrera de entrada que supone apostar por las primeras, sobre todo si se busca la multiplataforma, y el empobrecimiento que supone esto. En ocasiones se plantean atajos como el uso de HTML5 embebido dentro de la app, otras veces la migración de una plataforma a otra es un proceso complejo y costoso (véase el caso de Airbnb que publican en TNW).

New York Times en Flipboard, la tercera vía en el debate «web Vs apps»

FlipBoard
En el debate «aplicaciones o versión web para publicaciones en el tablet» esta semana nos descubrimos con una encuesta que apuntaba – para sorpresa de muchos – que había más usuarios (41%) que preferían acceder desde el navegador que los que se decantaban por la aplicación específica del medio (30%).

Es interesante preguntarse por la causa de estas preferencias. ¿Es por la experiencia de usuario de estas aplicaciones? ¿por diferentes modelos de negocio? ¿por las ventajas intrínsecas del navegador? (a la hora de compartir contenido por ejemplo o abrir enlaces) Y digo que es interesante porque el anuncio del acuerdo entre el New York Times y Flipboard abre una tercería vía en la experiencia que se plantean los medios para tablets y móviles.

Los usuarios de Flipboard accederán a los contenidos del NYT con las mismas pautas que los que van a la versión web, cobrando a partir de un umbral de consumo de contenidos, dejando la lectura de los primeros artículos gratis. La ventaja del modelo Flipboard es que permite controlar esto mucho mejor que en el navegador (borrado de cookies, uso de varios navegadores). Adicionalmente compartirán ingresos publicitarios provenientes de las lecturas del NYT dentro de Flipboard

Al final lo que tenemos es a New York Times abrazando a un intermediario. Difiere con lo que hicieron otros cmo The Guardian en Facebook en que en Flipboard a priori no se arbitra sobre la visibilidad de cada fuente sino que es el usuario el que se organiza. ¿Qué ganan? Básicamente integrarse en una de las mejores experiencias de usuario en el móvil y, sobre todo, en el tablet donde los medios tienen puesta muchas esperanzas de poder articular modelos de negocio basados total o parcialmente el pago.

¿Sombras? Sigue siendo un intermediario que comisiona y además en el caso de Apple no hay relajación de sus pretensiones de comisionar por la adquisición de contenidos desde el iPad, por lo que la implementación tendrá que ser muy cuidadosa con este punto.

El boom de las apps y el peligro de la visión mítica de «voy a hacer un Angry Birds»

Angry Birds
A pesar de lo dudoso de la metodología – una encuesta – los números revelados por App promo no han hecho sino confirmar lo que muchos desarrolladores y compañías llevan experimentando varios años: detrás del boom de las apps hay una realidad de negocio muy dura. ¿El problema? La creación de unas expectativas desmesuradas porque la atención mediática la concentran los grandes éxitos, los números de Angry Birds o el precio de venta de Instagram, mientras que la realidad de la «larga cola» de aplicaciones es bien diferente.

Incluso me aventuraría a decir que los datos comparten en la infografía son optimistas, con un 59% de aplicaciones que no cubren siquiera los costes de desarrollo y un 80% de desarrolladores que no pueden mantener un negocio con las aplicaciones desarrolladas, porque la mayoría de ellos no tienden a valorar el tiempo invertido propio a precio de mercado. Dificultades como la visibilidad (llegar a los más descargados en la app store está muy caro, cada vez técnicas para posicionar en ella con las palabras clave más utilizadas por los usuarios) y expectativas de volumen desmesuradas tanto en compra como en stock y precio de la publicidad (confundiendo descargas con utilización, la tasa de abandono es muy alta), son sólo algunas a afrontar por parte de los desarrolladores.

Con todo, hay negocio en el mundo de las aplicaciones para móviles y tablets, pero hay que empezar a desmitificar este mercado como esa especie de «El Dorado» con que a veces se confunde. En Ars Technica comentan los datos más a fondo.

Ditto, el «objeto social» es lo que vas a hacer ahora

El primer motivo por el que tenía ganas de entender en qué consiste Ditto es porque detrás de este proyecto está Jyri Engeström, creador de Jaiku, aquel servicio que apuntaba a gran compeditor de Twitter hasta que lo compró Google y quedó en el olvido. Siempre me pareció brillante el discurso de Engeström sobre los objetos sociales: aquello por lo que la gente conecta con otros, algo susceptible de ser compartido / comunicado y que posibilita crear red y conversación. Aterrizando en términos prácticos, en Amazon son libros (bueno, ya cualquier producto), en Flickr son fotos, en Foursquare la localización… en Ditto es, en primera instancia, lo próximo que vamos a hacer (qué libro vamos a leer, que museo visitar, si vamos a comer o al cine), lo que supone que en realidad es cualquier cosa que podamos / vayamos a consumir.

Para el usuario la experiencia pasa por la identificación vía Facebook, la recuperación de los contactos de esa red y la posibilidad de compartir ese «qué vamos a hacer» a partir de datos muy estructurados: si elegimos que vamos a salir a comer podemos dejar en blanco en lugar o declarar el sitio con su localización incluida. Cada acción se puede enviar a Twitter y Facebook y, si incluye localización, a FourSquare. Eso cuando vamos a compartir, cuando recibimos actualizaciones de otros lo que obtenemos son los planes de nuestros contactos, donde van a ir, qué van a consumir o en qué van a gastar el tiempo…. y la posibilidad de comentarlos y hasta de querer sumarnos a ese plan. La derivada en el futuro es que el propio Ditto nos ofrezca en el futuro la posibilidad de adquirir lo que está declarando nuestro contacto, ver la película que va a ver, contratar los tickets de esa película, etcetera…

¿Qué me parece Ditto a bote pronto? Marciano. Tan marciano como me pareció Twitter cuando lo conocí. Recoge elementos presentes en los servicios de «checkins de productos culturales» (Getglue, Miso) y de FourSquare, aunque queda por ver si la parte del juego, que tan bien ha funcionado a todos ellos, la han ejecutado con igual acierto. Engeström confía en que Ditto se convierta en un motor de descubrimiento, de sitios a visitar, películas que ver, restaurantes, libros, etc… con tanto énfasis en la parte de recomendaciones como en la de conversación y la de check-in. ¿Funcionará? A bote pronto tiene dos asignaturas: ser capaz de sustituir o intermediar a los servicios que invitan al «check-in de producto cultural» y a Twitter y Facebook (en los que ya se hace su caso de uso, aunque sin estructurar) y que esta tendencia hacia el «check-in» llegue por fin al gran público y deje de ser cosa de usuarios avanzandos. Eso sí, es de las pocas startups que alrededor de la localización, el móvil (sólo iPhone de momento) y lo social tiene un modelo de negocio tan claro de partida

Warner: alquiler en Facebook y películas como aplicación

Está bastante movido el tema de la distribución de cine online, con todo el mundo esperando movimientos por parte de las majors hacia opciones más amables para el usuario en precio y experiencia. Warner se ha caracterizado históricamente por no ser muy amigable con los nuevos intermediarios (salida de Youtube amenaza de salir del streaming en música) y sí por probar fórmulas novedosas de distribuir su contenido en solitario (In2movies, hace cinco años) y en esa fórmula siguen ahora con el anuncio de oferta de alquiler de películas en Facebook y su venta como aplicación para el móvil.

Sobre el alquiler informa Hollywood reporter y viene a ser un experimento por el cual los «fans» de «El caballero Oscuro» en Facebook podrán acceder al visionado directamente en el servicio de redes sociales por unos 3 dólares. Funcionará sólo en Estados Unidos y la experiencia incluye comentar la película con amigos (ya sea en los comentarios, el chat o con el status de Facebook). En el caso de la venta de la película como aplicación están traduciendo la propuesta de valor del DVD + extras al ecosistema Apple, con un precio de ocho euros.

Aunque Warner parezca estar desintermediando y teniendo una relación de venta directa con sus seguidores, en realidad Facebook y Apple no son sino otros intermediarios que controlan la experiencia con el usuario final. El primero le obliga a utilizar Facebook Credits por el que comisiona y Apple ya sabemos como se las gasta con el negocio de los contenidos en su plataforma. En todo caso, lo que Warner parece querer evitar son las plataformas con tarifa plana e intentar fórmulas por la que se siga pagando por película.

Freemium y compras dentro de la aplicación. Negocios en aplicaciones móviles

El 50% de los ingresos generados por aplicaciones en iPhone vinieron por compras dentro de las aplicaciones, no en el momento de la primera descarga, según los datos de un estudio de Distimo en Estados Unidos (vía Giga Om). Este dato es muy interesante, porque puede marcar la estrategia de muchos desarrolladores: tiene cada vez más sentido un modelo freemium en el que se elimine el pago inicial por la descarga y luego se intente cobrar por extras al usuario. Si a eso sumamos que algunos, como los desarrolladores de Angry Birds, empiezan a apostar por el «gratis más publicidad», tenemos que el modelo que puede imponer en 2011 será ese: aplicación gratis con publicidad y ofertas de funcionalidades adicionales de pago.

Aplicaciones frente a la web en el móvil y iPad

Vodafone 360

De la polémica sobre la muerte de la web creo que debería quedar un debate interesante sobre las aplicaciones de plataformas en el móvil y la web, y de como las primeras y su potencial de ingresos para desarrolladores pueden suponer que se vuelque la inversión hacia ellas. Sobre este tema hemos tenido un buen montón de datos esta semana que sirven para ilustrar el estado de la situación: Opera y su «state of the mobile web» apuntando a un crecimiento muy importante de tráfico a través del navegador; por otro lado, sólo 1 de cada 10 usuarios de iPad no ha descargado aplicaciones de la tienda de Apple; finalmente, estudio en eMarketer sobre preferencias de usuario, apuntando a que para la mayoría de servicios siguen prefiriendo la versión web a través del navegador frente a la aplicación instalada en el móvil.

Esa es la foto a día de hoy: en el móvil se prefiere la web exceptuando aplicaciones para música, redes sociales y juegos y en un tablet se tiende a instalar más aplicaciones (tal como se hacía en el ordenador), pero lo interesante será observar la tendencia. Y esta apunta a que las plataformas de aplicaciones integradas en el móvil están ayudando mucho a la popularización de la instalación de software en local, que ofrecen aprovechar mejor los recursos del dispositivo pero pierden ante algo básico: la facilidad de uso del navegador, tanto por ser un interfaz para toda la web como por saber utilizarlo gracias a la experiencia previa en el ordenador. A esto habrá que sumar la variable económica: el mayor coste de desarrollo de aplicación y su plausible rentabilidad por posibles ingresos por pago por descarga. Una de las tendencias tecnológicas a seguir de cerca los próximos años.

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