Los planes para Firefox 3.0

FirefoxMuy interesantes los planes para Firefox 3.0 que acaba de anunciar la fundación Mozilla en este wiki (vía Sentido web). Algunos de los temas que se han propuestos hacen pensar que la próxima generación de navegadores sí que va a suponer un paso adelante de envergadura (Firefox 2.0 presenta pocas novedades, Explorer 7 apenas pone al día el navegador de Microsoft y Opera 9 es notable, pero tampoco es lo que se dice revolucionario).

Entre los requisitos «obligatorios» me quedo con el soporte de OpenId y de microformatos, dos elementos clave en la web del futuro a corto plazo y sobre cuya integración en el navegador creo que merece la pena detenerse en futuras entradas. Por cierto, también anuncian soporte del nuevo sistema de identificación de Microsoft, Windows CardSpace, antes conocido como Infocards.

¿Más novedades de Firefox 3.0? Parece que otra de las claves del navegador será facilitar el sistema de extensiones (sin duda el punto fuerte de Firefox) y ofrecer la posibilidad de que servicios web puedan manejar contenido (entiendo que se refiere a que de alguna manera, pueda determinar que un documento ofimático me lo abra con Google Docs o Zoho o con el servicio que desee). También apuntan a guardar la página en formato PDF, en un modo de navegación completamente privado y en la mejora de administración de favoritos, integrando los «remotos» (del.icio.us y similares), con los locales.

Y bastante más. Creo que estamos ante una evolución importante no ya de Firefox sino del concepto de navegador. Quizás uno esperaba que los navegadores tomaran el rumbo de ser máquinas virtuales que permitiesen la ejecución de funcionalidades cada vez más complejas (las Rich internet Applications o, por ejemplo, Second Life dentro del navegador), pero el camino tomado por Firefox 3.0 es el de actuar como verdadero centro gestión de la información. Si el soporte de OpenId y de microformatos y la integración con los servicios web se lleva adelante, Firefox 3.0 va a suponer un paso de gigante en el «divorcio del escritorio».