Mía es la venganza, Friedrich Torberg. Biblioteca Error500

Mía es la venganza portada Torberg

Sobre el holocausto parece que esta todo dicho, desde la narración vívida de «la solución final» nazi hasta las cifras, las fechas y los nombres en frío de quienes lo pergeñaron. «Mía es la venganza» de Friedrich Torberg aparece como un breve relato menor comparado de las consideradas figuras fundamentales de la literatura sobre la persecución judía (Levi o Littell, Kertész), pero resulta felizmente oportuno leerlo ahora en la nueva edición de Sajalín editores.

El relato arranca de forma incómoda para el lector, el narrador se encuentra varias veces a un hombre en los muelles de Nueva Jersey en 1940 y decide abordarle debido a la extrañeza que le suponía su figura, a la vez pobre, pulcra y lastimada. En menos de dos páginas, el extraño individuo está compartiendo su historia en el campo de concentración de Heidenburg sin que hubiese sido necesario mayor relación entre ellos. Chirriante forma de introducir la historia – por lo poco verosímil del comportamiento de ambos – pero que a la vez refleja lo que supone el holocausto para los que no lo vivieron: apenas un par de horas viendo una película, leyendo una novela breve, teniendo una conversación… aunque como el protagonista apunta nada más empezar su relato, «¡se lo advierto!, esta no es una historia que se explica para pasar el rato y se escucha para pasar el rato».

Ahí empieza la descripción de lo que supuso la llegada del jefe de grupo de la SS Hermann Wagenseil a Heidenburg como nuevo comandante de campo (tanto el nombre del militar como del lugar parecen ficticios, como a su vez Friedrich Torberg es un seudónimo de Friedrich Kantor, escritor judío austriaco rescatado a tiempo por el PEN Club). Lo que hasta entonces había sido una experiencia «dichosa comparada con Dachau y otros campos» cambia de manera radical: ante la queja por parte de los presos judíos de que su barracón era para 60 mientras ellos eran 80, Wagenseil les promete una solución que pronto empieza a implantar.

«Mía es la venganza» está lejos de enfocarse en los detalles del horror, que aparece evidente en todo caso. El nuevo comandante de campo empieza a seleccionar presos a los que tortura hasta destruirlos y ofrecerles entonces el suicidio como salida feliz al sufrimiento. Este modus operandi provoca que entre las víctimas emerja – de manera más estremecedora que cualquier descripción de las suplicios – un debate psicológico – a ratos metafísico y religioso – en el que «los siguientes» van tomando parte. ¿Qué han hecho, por qué los odian? ¿Qué pueden y deben hacer? ¿Es su ser – su existencia como judíos – a la vez la causa del odio y también la venganza?

Destacan las voces del preso Aschkenasy que defiende la inacción de los judíos durante la persecución puesto Yavé ya les indicó que suya era la venganza y la retribución (libro del Deuteronomio y no carta a los Romanos como indican algunas críticas, sería absurdo que un «casi rabino» citara el nuevo Testamento) y que sólo el existir bastaba; y la de Wagenseil que al escoger al protagonista como siguiente objetivo en sus torturas le explica la razón de la solución final: el judío para el nazi es un infrahombre moralmente, incapaz de elegir, de decidir, y que esa forma de ser es contagiosa, por lo que para ellos es un deber su eliminación. Nuestro individuo del muelle se encontrará entonces con la obligación de enfrentarse a este destino que los que se consideran el pueblo judío ven como propio desde su nacimiento, lo que les otorga su seña de identidad colectiva (la persecución, el encomendarse a Dios como su salvador) y el quitarle la razón al monstruo que es su captor.

Casi es más larga esta breve reseña que la novelita. Merece mucho la pena leerla en estos días que el holocausto y los nazis se han convertido en un lugar común de quienes torticeramente lo utilizan por la vía de la identificación cuando quieren apuntar algún tipo de persecución y de quienes quieren usar la hipérbole del mal de forma dialéctica (y quienes esto último lo acaban tergiversando, incapaces de identificar una figura retórica). Sólo compartir algún enlace interesante al respecto como la crítica en Jotdown (Que está muy bien salvo lo de llevarse la cita bíblica del antiguo al nuevo testamento) o este artículo de Tertsch en el País sobre «La Austria de Torberg».

Compra: en Amazon lo tienen a 13,30 en papel, sin versión Kindle, acompañado del relato «El regreso del Golem».