Reimaginando el trabajo

antonio ortiz weblogs error500 reimagina el trabajo cyc
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Además de sacarme con cara de lelo en la foto, la gente de Reimagina el trabajo tuvo a bien entrevistarme hace unas semanas para su proyecto. Como el nombre indica, abundamos en la imaginación y me dieron la oportunidad para discutir dos ideas que me interesan mucho, una es ese lugar común de «trabaja en lo que te gusta» y la otra:

?¿Y qué opinas del desafío de la robotización y automatización en el trabajo?

?Ese es otro debate a medio plazo. Existe la corriente que piensa que siempre surgen nuevos sectores que empleen a la gente y que aumentarán los servicios gracias a las nuevas tecnologías. Pero tengo una visión más pesimista.

Estoy más alineado con los que dicen que el capitalista al final no va a distribuir tanto el dinero porque no tiene empleados, sino máquinas en su mayoría, ya que la inversión tecnológica es mucho más barata que la de recursos humanos. Esto aumentará la desigualdad y generará un desempleo más estructural.

Creo que si esta premisa va cogiendo fuerza, de aquí a 30 años vamos a tener que plantearnos la renta por vivir, una renta básica como solución. ?

Voto electrónico y esa bagatela de que todo con tecnología es mejor

DNI electrónico Voto

Antes del día de las elecciones sacó Pablo Romero una pieza muy interesante sobre DNI electrónico y votaciones en El Español. Se centra mucho en la solución tecnológica actual y sus limitaciones, pero a mí me ha interesado más el debate de fondo que también toca:

No es el único problema. Tal y como apunta Justo Carracedo, catedrático jubilado y profesor Ad Honorem de la Universidad Politécnica de Madrid, “el voto desde cualquier lugar por Internet presenta tres amenazas para las que aún no hay solución: la posible coacción al votante, el riesgo de suplantación de personalidad y la venta de voto”.

Estos días el debate sobre el voto electrónico ha basculado entre cierto tecnoutopismo (si además lo hacemos por internet desde casa votaremos más, se implicará más la sociedad civil… el discurso alrededor de la democracia directa) y algunos casos en los que sí parece aportar valor como es el voto desde el extranjero y su burocracia y la privacidad del voto de los ciegos.

Por otro lado, en la misma noche electoral:

ese tuit es un ejemplo, hubo muchos más, pero apunta que hasta gente del mundo digital tiene una confianza tendente a cero en cuanto hay tecnología (y alguien que gestiona la tecnología) en medio. Son el tipo de cosas que se dicen en el fragor y la excitación ante un gran evento, pero muestras un reflejo de desconfianza claro.

El voto presencial con papeletas no está «roto», no es algo que haya que arreglar per sé: tiene la confianza de la gente, es verificable, podemos volver a contar los votos cuando queramos y, al menos en España, el escrutinio se hace de forma muy rápida. En la misma noche tenemos los resultados y nos fiamos de ellos. Versvs recogía hace años los argumentos críticos respecto al mismo.

Este es un caso de una deriva tecnoutópica que tiende a sostener de forma más o menos explícita que «todo con tecnología es mejor», algo que no sólo es discutible, sino que parece patente que según como se implemente, es perjudicial.

Slack y la cultura de trabajo y colaboración en la oficina

Slack

Tiene Slate una buena pieza sobre Slack, el software de chat interno para empresas con gran usabilidad y toques de Twitter del que hemos hablado varias veces por aquí y del que somos usuarios intensivos en Weblogs SL.

Me ha interesado mucho – al igual que el comentario en The Awl – porque es de los primeros análisis en el terreno de los cambios que introduce en la cultura de trabajo y colaboración en la oficina: de cara a la empresa añade una herramienta de comunicación con un valor diferencial (como cuando debatíamos hace años sobre Twitter para el gran público: una extraña mezcla de sincronía y asincronía que añade limitaciones a las comunicaciones perfectamente síncronas o asíncronas, escribes y no sabes quien de tus “followers” lo lee, el mensaje se puede perder en el hilo,la persistencia es la funcionalidad que lo hace de pago…; para los siempre conectados esto puede no ser un problema, pero para el resto sí), y es a la vez un elemento distractor y «ludificador» del trabajo, hace más divertido estar trabajando y conectado a lo que pasa en la organización.

La segunda derivada de análisis es todavía más interesante: Slack es un potenciador de la apariencia de estar trabajando. Mandar muchos mensajes, tener mucha actividad, conectarse a muchas horas para dar apariencia de compromiso y productividad, cuando puede ser todo lo contrario. En esto es un avance respecto al correo electrónico en tanto en cuanto añade mucha más visibilidad a cada mensaje.

Soy un gran partidario de Slack, pero a la vez empiezo a tener la impresión de que el entusiasmo que tenemos los medios online por lo bien que encaja con nuestro trabajo se está extrapolando de una forma un tanto acrítica y que, como con el correo, toca una reacción de moderación, buenas prácticas y debate de cómo y cuándo usarlo.

Por último, entrevista a Stewart Butterfield, cofundador de Slack para redondear la foto sobre el proyecto.

Trackdown: haga públicas sus donaciones

trackdons

Ayer conocí y probé por primera vez Trackdons, una plataforma ideada para que la gente glose las donaciones que hace a organizaciones, servicios online, proyectos culturales, etc… la idea es que además se puedan compartir por redes o correo (se me ocurre que poder ser embebidas en otras webs tendría sentido).

Hay un debate primero sobre lo de hacer públicas las donaciones: si uno lo hace público se asume que en parte está «pervirtiendo» el objetivo original desinteresado por obtener reconocimiento. Es un planteamiento del que es difícil escapar en la dialéctica habitual sobre la virtud: si lo mantienes en secreto también puedes estar motivado por el hecho de sentirte mejor que los demás.

Por otro lado está el hecho de que compartir donaciones ayuda a dar visibilidad a los proyectos y animar a otros a hacerlo. Siendo así, siempre es más eficiente donar y contarlo que no hacerlo.

En todo caso, el punto de fricción que más me ha interesado con Trackdown es el que aparece en su acerca de:

¿Imponéis algún tipo de control editorial sobre los proyectos que pueden ser registrados? (por ejemplo, ¿qué ocurre si alguien está registrando donaciones en algo que tú consideras horrible?)

Todavía no lo sé. Si algún proyecto quiere obtener dinero para luchar en contra del matrimonio del mismo sexo, o para defender a los que matan violentamente animales como en los toros no sabría aún qué haría.

Es imposible, me temo, no tener una visión ideológica y unos límites de lo que uno tolera en su casa a la hora de plantear una plataforma, pero es importante en todo caso ser transparente y dejarlo claro. Al menos con este proyecto, siendo software libre, siempre existirá la posibilidad de montar un clon con otras reglas.

Menos asimetría de la información y el cerrajero en internet

fontanero

Hace unos días me interesó mucho una pieza sobre «El fin de la asimetría de la información» y cómo los cambios legislativos (uso del cuentakilómetros) y tecnológicos (la solución que lo posibilita, por ejemplo, o el desarrollo de mejor «inteligencia artificial») están impulsándolo.

A la vez el sector de los «marketplaces» de servicios profesionales tipo «el fontanero o cerrajero que necesito en casa» se está calentando con la entrada de Amazon y la plausible de Google.

Llevo usando uno de estos servicios, Etece, y en parte he valorado mucho la disminución de la asimetría de la información con el sistema de reputación: ahora es más fácil saber el histórico del profesional en cuestión y si no lo tiene, sospechar; por otro está el tema del precio, que en Etece es «por subasta»: pongo mi tarea y un precio que estoy dispuesto a pagar por ella, que puede ser igual, mayor o – como suele hacerse – menor que el que sistema apunta como habitual para la tipología de trabajo. Los interesados en hacerlo al precio marcado, se ofrecen y uno elige entre ellos.

Se articule el «marketplace» bajo esa lógica o bajo la del precio fijo por tarea (que es la que menos me gusta, no permite competir a los que todavía no tienen reputación) o precio fijo por ofertante (un fontanero pone su precio y es lo que hay), estas plataformas me interesan mucho en tanto en cuanto introducen una fuerte eficiencia en la economía: en muchos casos el cliente se sentía prisionero al contratar un servicio así, perdido sin garantía de la calidad del proveedor y asumiendo un precio alto por la dificultad de comparar.

Supongo que es inevitable que poco a poco muchos sectores vayan cada vez a este modelo en el que el cliente gana poder en la relación al tener mucha más información y competencia a su alcance. Es probable que los profesionales que antes entren a este modelo tengan mucho que ganar: más trabajo al recoger la demanda que busca en internet y una reputación construida antes de que llegue la gran masa, pero también que a la larga esta eficiencia será un techo para los márgenes de toda la categoría.

Mirando el futuro de Uber con una licencia de taxi en la mano

Foto Taxi

Hoy he publicado en Teknautas de El Confidencial «Mirando el futuro de Uber con una licencia de taxi en la mano», una aproximación sobre los diversos futuros probables del sector ante la tensión entre los modelos P2P y los gobiernos con sus regulaciones.

Mirar al futuro del sector del taxi con una licencia en la mano es la imagen de nuestro tiempo. Todos somos un taxista con un papel que garantizaba el porvenir, que nos costó un huevo y parte del otro, que nos daba entrada al club de la clase media occidental. A todos se nos cae la sonrisa cuando nos dicen que hay que ser valiente, adaptarse a los nuevos tiempos y a la tecnología, que el mundo se transforma, que es lo que toca.

Leer artículo completo

Relacionado: De taxis, Uber y “sharing economy”

Obsesión por productos culturales, el «internet» y lo tentador de ser parte de ello

True Detective

En Slate firma Willa Paskin una pieza muy seductora sobre el fenómeno de «las obsesiones por productos culturales buenos pero no muy originales» que además sustituimos un mes tras otro.

Encaja dentro de este patrón fenómenos que hemos comentado por aquí como True Detective o el más reciente Serial:

Las cosas por las que nos obsesionamos son aquellas que creemos que hemos rescatado de la gran ciénaga cultural. Y si usted ha hecho el rol de «cool-hunter» para encontrar estos objetos, entonces también lo ha hecho el resto de gente que los ama. Las obsesiones no sólo nos marcan como individuos con gusto especial, también significan nuestra pertenencia a una cohorte particularmente sofisticada…….

Los medios sociales hacen algo más con estas obsesiones: las hace parecer mucho más extendidas de lo que son. Antes uno se obsesionaba con sus amigos, vecinos, gente con que podría cartearse. Ahora se obsesiona con fragmentos de una red mucho más extensa conectadas con uno a través de los medios de comunicación social. Las preferencias de tus amigos de Facebook o de Twitter se sienten como una evidencia convincente de que algo ha calado ampliamente

El artículo merece la pena ser leído entero. No acaba de resolver del todo la tensión de que usamos estos objetos culturales más o menos brillantes para construir nuestra identidad y el equilibrio entre eso (que nos lleva a defender opciones más elitistas o al menos sin un éxito masivo) y la necesidad cubierta por el mass media de no sentirnos solos por la vía de compartir y tener en común con otros, eso sí.

También creo que falta en la balanza un aspecto que creo que es crucial para entender fenómenos como el crowdfunding. Parte de la motivación que subyace es la de sentirse parte del éxito de un proyecto o al menos de su existencia; en el caso de las series de culto y otros objetos culturales – ahí estoy de acuerdo con Paskin, casi nunca son para tanto – está el factor «yo fui de los primeros en descubrirlos y al compartirlo formé parte de su carrera, de su éxito».

De ahí que busquemos renovar estas obsesiones, que se repita el factor «me gustaban más cuando tocaban en garitos pequeños» de un esnobismo que para nada es nuevo y que, por mucho que nos gusten otros objetos culturales de éxito reconocido, tendamos a compartirlos menos.

Coinbase y el intento de domesticar Bitcoin

Brian Coinbase

Esta semana puede entrevistar al CEO de Coinbase, Brian Armstrong. Por aquí hemos hablado poco del fenómeno de las «criptomonedas P2P», en gran parte porque a pesar de las decenas de lecturas que uno ha hecho, sigue entre el escepticismo y la duda con todo el fenómeno.

Si algo me ha interesado del proyecto de Coinbase es su postura en pro de «domesticar el bitcoin», olvidando la parte ideológica «anarco-liberal» e intentar acomodarlo al sistema bancario e institucional actual. Tras escuchar una hora a Armstrong y poder preguntarle de todo sobre el momento de Bitcoin y su proyecto, sigo siendo escéptico, pero un poco menos.

«Hoy es prácticamente imposible vivir en una burbuja ideológica»

Espectacular estudio de Pew Research sobre hábitos de consumo de medios, polarización e ideología de los ciudadanos. La conclusión es quizás demasiado rotunda – por aquello al menos de que aunque haya exposición a medios con una línea editorial contraria a las creencias e ideas del ciudadano eso no quiere decir apertura a cuestionar los prejuicios propios – pero el estudio sobre hábitos de participación, confianza y consumo de medios es más que interesante.

Relacionado: Los filtros en internet y la apertura a la diversidad de puntos de vista, Medios sociales, autocensura y la “espiral de silencio”

La política y la democracia en los tiempos de internet

Kiosko de prensa

Más que apreciable pieza de González Férriz en El Diario:

Hoy todas estas instituciones están en crisis o, abiertamente, en decadencia. Occidente está cada vez más desindustrializado y su economía depende más del sector servicios, donde la socialización ideológica es esencialmente distinta y la afiliación a sindicatos, menor. Los periódicos cada vez tienen menos compradores y disponen de una menor capacidad para establecer de una manera rotunda la agenda política. Las iglesias se vacían. Los cafés, los bares y los pubs han dejado de ser el lugar por excelencia de intercambio de noticias y opiniones políticas. Las novelas han abandonado el centro de la cultura que ocuparon durante dos siglos. Y la televisión, al menos en Estados Unidos, como explica muy bien Tim Wu en » Netflix contra la cultura de masas», se ha ido fragmentado paulatinamente en cada vez más canales y formas de consumo, de tal modo que ya no ejerce como pegamento nacional con la fuerza con que lo hacía.

Hay un argumento que puede hacer que esta preocupación se quede en nada. Es un argumento habitual últimamente ante todas las incertidumbres: internet. La socialización ideológica que todas estas instituciones establecía, dice, ahora se produce en internet. No necesitamos partidos, porque nos podemos articular políticamente en Facebook. Los sindicatos se han vendido a tal punto al sistema que la lucha real está hoy en otra parte, del copyleft a la neutralidad de la red. Somos una sociedad postreligiosa, por lo que si queremos hacer obras de caridad o donaciones, ahí está el crowdfunding, que aparentemente no nos exige creer cosas raras ni ir a reuniones, y además dispone de un cómodo PayPal. El periódico es irrelevante porque ahora podemos informarnos picoteando en distintos medios y así escoger lo mejor que cada uno de ellos puede ofrecernos. Por lo que respecta a las novelas, los cafés y la televisión… ¿quién demonios sigue necesitando esas cosas?

A veces es una pena que una pieza con un tema tan interesante sea tan corta, porque en cada apartado da pie a una mayor profundización y debate.

Sobre lo que apunta Ramón, sólo subrayar que uno de los aspectos más relevantes de lo ocurrido en los últimos años en sociedad y tecnología es la pretensión de la élite conectada de ser capaz de poner temas en la agenda de la opinión pública (véase uno, dos o tres artículos donde lo hemos tocado), que el debate de la introducción del liberalismo a través de los grandes éxitos del capitalismo tecnológico son una lectura de lo que está sucediendo, pero también que internet y fenómenos inexplicables sin él como el 15M suponen también la superación de una crítica clásica de la izquierda, la del «hombre unidimensional» de Marcuse y, por último, que «lo social en la red» también es un objeto en plena evolución, de hecho hemos pasado de una web con comunidades estáticas y establecidas (foros, blogs) a otras mucho más dinámicas y efímeras (trending topics) por mucho que se asienten en servicios fijos.

El de la política y la democracia en los tiempos de internet es uno de los grandes temas de los próximos años.

Foto: Carlos Carreter