television 2.0
Xbox ya es un firme candidato para la integración internet-televisión

Muchos poseedores de la Xbox nos pasamos ayer el día esperando una actualización que, al menos en mi caso, se hizo de rogar. No es una puesta al día cualquiera, Microsoft renueva el interfaz de la consola, añade nuevos métodos de interacción con el dashboard y hace además una apuesta decidida, esta vez de verdad, por convertir a Xbox en uno de los grandes candidatos en la integración de televisión e internet. Lo más llamativo: el manejo a través de voz y de Kinect; lo más interesante: el rol de catalizador de contenidos de terceros por el que apuestan.
Experiencia y contenidos
Las tres variables en las que se juega la integración de televisión e internet son experiencia de usuario, catálogo de contenidos y precio. El movimiento de Xbox apunta a los dos primeros: por un lado manejar el interfaz con gestos mediante Kinect es una baza única en el mercado, a la que suman el control por voz que parece funcionar muy bien (acaba uno dando órdenes a la consola, "Xbox esto", "Xbox lo otro"); por el otro lado apuestan fuerte internacionalmente (más de 40 servicios, VB) y también en España donde empiezan con Imagenio ofriciendo parte de su programación gratis a los usuarios Xbox Live Gold.
Google TV ante la ímproba tarea de mejorar la experiencia de la televisión

Llevamos años hablando de la integración de internet y televisión, de llevar la web a la tele del salón de casa. Algunos incluso tenemos un ordenador conectado a la caja tonta, otros un set-top box, hay teles con conexión a internet, pero lo cierto es que las distintas experiencias de usuario que han intentado unir televisión e internet no han hecho sombra a la de la tele de siempre: pulsar y ya está, funciona.
El uso de dispositivos se incentiva cuando el rey - el contenido - es más accesible conectando la tele a internet, ya sea con un Netflix en Estados Unidos o con un cliente de Bittorrent en España. Pero eso no cambia el hecho de que las distintas plataformas han resultado poco usables y no han sido capaces de congeniar dos experiencias diferentes: las expectativas son diferentes (enchufar y listo, nada de instalar o configurar), la forma de utilizarlo también (en grupo frente al uso individual del ordenador) y la adaptación de servicios en la red, fundamental (es imposible leer una web en una tele de las de hoy en día a no ser que estés pegado a ella).
Televisión 3D... cuando la tele de alta definición todavía no está aprovechada

Lo del cine y televisión en 3D parece ser una apuesta bien pensada en el mercado de contenidos actual. Con las descargas gratuitas, los servicios por suscripción a bajo coste y la competencia de otras formas de ocio, la televisión en tres dimensiones se plantea como una forma de vender una experiencia superior, que es la forma de competir con el todo gratis.
Claro que tiene problemas asociados, de entrada que no está ni mucho menos amortizada la inversión que mucha gente ha hecho en televisión en alta definición: escasos contenidos disponibles (pocas cadenas, sobre todo hay que tirar de Blu-ray o descargas) y ya se quiere comercializar una nueva generación tecnológica. La Jungla Digital hace un análisis de este frente, al que hay que sumar el de la experiencia en sí, estamos en plena celebración de las tres dimensiones en el cine (de las que muchos tampoco somos especialmente amigos más allá de cierta curiosidad inicial) y las expectativas de que las gafas para ver 3d sean como el iPod y que cada televisor ofrezca tridimensionalidad llegan con más pretensión de intentar comerse algo de un momento álgido de compra de teles (el mundial de fútbol) que con una propuesta de valor real.
Boxee Box, lo que Boxee necesitaba para llegar al salón

Boxee Box ha sido presentado oficialmente, siendo el pistoletazo de salida del "candidato geek" a intermediario en el cine y la televisón por internet. Se han buscado un socio de garantías como D-Link y han construido un producto que, sobre todo, presenta un diseño atractivo y compacto para colocar junto al televisor del salón, además de un mando-teclado que me ha encantado. El precio estará en torno a los 200 dólares durante el primer semestre del año.

Más sobre Boxee: Boxee y un futuro posible para la televisión e internet, Boxee anuncia set-top box.
Pomelo.tv, más tv por internet
Pomelo.tv es un nuevo proyecto español para la televisión a través de internet, de la que tanto venimos hablando en los últimos tiempos. Llevo unos días probando en beta cerrada, (se pueden pedir invitaciones en la web oficial, pero van paso a paso con este tema) y la verdad es que resulta una apuesta audaz por los elementos que conjuga.
Por un lado exige descargar e instalar una aplicación Java, con una interfaz a lo Hulu bastante conseguida, pero con una barrera de entrada mayor que los servicios accesibles mediante web (Joost dió el paso atrás en este aspecto). Luego utiliza MPlayer para el reproductor multimedia (acepta hasta ficheros empaquetados en MKV en alta definición) y para la distribución de contenidos se basa en P2P con BitTorrent como protocolo.
¿Tiene alguna posibilidad Pomelo.tv exigiendo instalar software y quedándose de momento sólo en el ordenador, con un muy difícil acceso al televisor del salón de casa? Dependerá como casi siempre, de los contenidos. Zattoo permitía acceder a contenidos que interesaban a los usuarios y fue descargado e instalado de forma masiva. Luego montar algo basado en Bittorrent (además de ahorrar costes de ancho de banda) te puede abrir la puerta a experiencias en las que no sólo se acceda a contenido sino que también los usuarios puedan crear canales. Al final Pomelo y el resto de actores del sector necesitan encontrar un balance en el que la experiencia de usuario y el valor de los contenidos permitan superar las barreras de entrada (descarga, pago por visión) que vayan estableciendo.
Por cierto, Pomelo.tv es uno de los finalistas del I Foro de Startups, del que soy parte del jurado, aunque me será imposible acercarme a la ceremonia final.
La irrupción del (nuevo) posicionamiento en la televisión

Un directivo de márketing del mundo real dirá con celeridad que la idea de posicionamiento, la asociación de unos atributos a una marca dentro de un mercado, no es algo nuevo y que ya existe en la mente de los espectadores: Telecinco es una cosa, La Sexta otra y La2 absolutamente otra distinta. Les pueden poner adjetivos como telebasura, culturales, deportivas, la de la fórmula 1, etcétera, etcétera, en un clásico ejercicio de imágenes mentales de lo que una marca significa para ti.
De hecho, la aparición en España en la década de los ochenta de las primeras emisoras autonómicas y, posteriormente, de las televisiones privadas, introdujo en el sector algo anteriormente innecesario: el desarrollo de identidades corporativas de las cadenas. Así, pequeñas agencias creativas se dedicaban a diseñar esos pequeños iconos que se dio en llamar moscas y esas cortinillas de automopromoción de la cadena que pueden verse separando la publicidad de la programación. El objetivo era crear una imagen mental de lo que la cadena representa en ejercicios técnicos y estéticos que llegaron a costar grandes cantidades de dinero y que internacionalmente es toda una industria con sus propios premios. Una dinámica, en definitiva, parecida a la de las agencias de publicidad.
Para los lectores venidos - o nacidos - en la red, la palabra posicionamiento sugiere inmediatamente la posición jerárquica que una página adquiere dentro de los buscadores. Puesto que estos servicios se dedican a localizar la abrumadora cantidad de información que hoy día se ha digitalizado y puesto que se han convertido en la puerta de entrada de los usuarios y en fuentes primordiales de asignación de tráfico, resulta inviable carecer de una estrategia de posicionamiento para ser encontrado por los buscadores y, simplemente, existir. Es común el relato de cuando toda la información que producía el mundo cabía en los pocos libros que el mundo medieval era capaz de editar y cómo en nuestro presente la abundancia de datos se vuelve abrumadora creando un problema esencial: cómo separar la información relevante de lo irrelevante.
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