Cámaras, multas automáticas y hacking

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Un caso interesante en el que se mezclan privacidad, videovigilancia y límites tecnológicos. Resulta que los estudiantes del Montgomery High School de Maryland se están dedicando a falsificar la matrícula de sus coches, colocando la de sus enemigos, en algunos casos, profesores. Acto seguido proceden a conducir por encima de la velocidad permitida en áreas con cámaras que disparan un sistema de multas automáticas a partir de las matrículas. El resultado es que la sanción llega al propietario del coche de la matrícula falsificada. Vía Slashdot.

En España en carretera el escenario es algo diferente, puesto que las “fotos” de la guardia civil de tráfico suelen incluir el modelo, pero tampoco identifican unívocamente al conductor. En ambos casos la solución tecnológica pasaría por aumentar la potencia de la vigilancia, capturar también el rostro del conductor y aplicar un sistema de reconocimiento facial para determinar la identidad del infractor. Claro que el estado actual de esta tecnología probablemente daría una tasa de acierto mucho más baja respecto a la identificación de matrículas, unido al problema de tener una base de datos con todos los rostros de los ciudadanos. Todo eso si obviamos que una solución de ese tipo nos conduciría a un escenario de mucha mayor invasión de la privacidad, de un auténtico sistema que escruta y almacena la presencia de cada individuo que circule por vías, todo un gran hermano. ¿Impensable? Hace tres años Reino Unido decidía llenar de cámaras sus carreteras para identificar cada matrícula.

El caso de Maryland no deja de resultar un ejemplo de que, si bien todo sistema humano es susceptible de error, la mejor solución puramente tecnológica será casi siempre “hackeable”.

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